Dios quiere bendecirte… ¡Deja que lo haga!
(Malaquías 3:8-10) Hablar de dinero casi siempre causa incomodidad. Pero es muy necesario que nosotros como cristianos estemos enterados de las bendiciones que tenemos de Dios a través de nuestra obediencia de diezmar, y también lo que nos sobrevendrá al no hacerlo. El diezmo refleja una décima parte de la cantidad real recibida por lo producido, es diferente de las ofrendas y la generosidad. El diezmo no es la porción que se espera que uno dé, es la porción que uno le devuelve a Dios, la porción que le pertenece a Él. Cuando obedecemos a Dios acerca del diezmo, tenemos la bendición de Dios en todo. Dios no necesita nuestro dinero solo quiere nuestra obediencia.
Él prometió sustento para el espíritu y provisión para nuestras necesidades y nos reta a que le probemos, si lo hacemos veremos como Él mismo abrirá las ventanas de los cielos con bendiciones más allá de nuestra capacidad de recibir, ¡Sólo necesitamos tener fe! Es prudente prepararnos para el futuro, pero no acumular riquezas con motivaciones egoístas. Si nuestro tesoro es el dinero, la riqueza o los bienes materiales, entonces allí está nuestro corazón.
La otra parte que no nos gusta escuchar, es cuando nos dicen que es lo que pasará si no obedecemos a este mandato, pues aquí va… Dios nos dice que devolvamos el 10% que le pertenece, porque es de Él, si no lo hacemos y lo conservamos nosotros entonces este causará una maldición sobre el 90% restante porque le estamos robando. Para todos nosotros debería ser más que un honor complacer a Dios. Anda ten fe… ¡Pruébalo! (Proverbios 3:9-10).
